El gran regreso de Guns N’ Roses

Llegó el viernes 4 de noviembre, primera de las dos fechas de Guns N’ Roses en Buenos Aires, después de haber pasado por Rosario, y antes de que continúen por Latinoamérica.

Cuando terminaba la tarde salió a escena Airbag, para acompañar la caída del sol. El detalle interesante fue su interpretación de la versión “rock” del himno nacional. En ese instante se ganaron al público que todavía estaba relajado.

La noche llegó, más templada y agradable después del calor de la tarde. La gente seguía entrando, y la espera se hizo un poco insoportable. Demasiada ansiedad. Cada tanto pasaban en las pantallas del escenario la publicidad del fans club oficial, y los apurados de siempre empezaban a gritar.

Llegaron las diez de la noche y las luces se apagaron. Ya todos sabemos que esa es la señal oficial de que empieza el show, así que todos gritamos de la emoción. Como estuvo pasando en las presentaciones anteriores, acá también el comienzo se anunció con la música de los Looney Tunes” (o Merrie Melodies) y “The Equalizer” mientras todavía todo estaba casi a oscuras. Los flashes de la gente hacían también acá una noche estrellada. Aplaudían todos al ritmo de la música, como tratando de descargar la energía que se les juntaba en el cuerpo.

La música paró y la banda apareció en escena mientras el estadio entero se encendía en una ovación, sonaron los platillos y comenzó con todas las ganas “It’s so Easy”, el primero de una larga lista de temas pertenecientes a “Appetite for Destruction” que hicieron en toda la noche. Creo que la mayoría teníamos los ojos puestos en Axl, que salió a escena con jeans rotos, remera, campera de cuero, y una clásica camisa roja escocesa atada a la cintura; sombrerote y lentes oscuros completaban el look. No se ve como a principios de los noventas, cuando llevaba mini calzas, pero parece tener un mejor estado físico que hace unos años. Y hasta corrió de una punta a la otra del escenario en más de una ocasión.

Terminó el primer tema y con la energía todavía bien arriba y sin parar empezó “Mr Brownstone”. El público coreó las guitarras, un clásico en los recitales en Argentina, como ya marcó Eddie Vedder en algún momento. Y sí, en algunos momentos se le iba la voz a Axl, pero a nadie pareció importarle en ese instante. El segundo tema terminó, Axl se disculpó por haberse distraído por un “wardrobe malfunction” (problema con el vestuario), y sin pausa nos trajeron “Chinese Democracy”, el primero de los tres representantes del disco que lleva el mismo nombre. Comenzó con Slash apropiándose del tema, y las pantallas gigantes mostraban en detalle sus manos, con explosión de fuegos artificiales en rojo.

Antes de este viernes, había ido (al menos) a cuatro recitales en el Monumental, pero nunca lo vi así de lleno. No sé si es porque esta vez al estar sentada con los adultos de prensa (algunos también saltaron sin parar) pude apreciarlo de otra forma, pero estaba todo cubierto de gente. Fans, simpatizantes, y algún que otro paracaidista que no quería perderse el evento, por todos lados. No se veía ningún espacio libre y el campo parecía interminable. Toda esa muchedumbre que ya estaba bastante agitada con el ritmo que tenía hasta ahora la noche, que todavía no había dejado de aplaudir el tercer tema, se sacó aún más cuando sonaron los primeros acordes de “Welcome to the Jungle”. Creo que hasta en Ciudad Universitaria se escucharon los gritos del público. Y quizás ya estoy delirando, pero tengo la sensación de que todo vibraba.

Pegadita y sin respiro empezó “Double Talkin’ Jive”, con cambio de guitarra por parte de Slash, y si lo nombro tanto es porque desde mi mirada de simple mortal es quien más se lució. Y quien parece estar igual que siempre, aunque la melena tapando la cara es buena aliada para ocultar el posible paso del tiempo. Una buena parte instrumental ayudó a que Axl se retire a tomar un poco de aire.

Siguió “Better”, con coritos pegajosos a cargo de Duff y Melissa Reese, un juego de luces hipnótico, y Axl luciéndose un poco más que hasta el momento.

Una breve (muy breve) pausa después mientras el público tiraba un “olé olé”, sonó “Estranged”. Con una letra cargada de emociones, hagamos honores y lloremos todos. Hay algo especial, un tanto mágico, en las canciones de Guns de más de 6 o 7 minutos que me gusta demasiado. El público encendió sus flashes de nuevo, y gritó con ganas el “ONE, TWO”. En el medio Axl hizo la presentación “In the piano, Mr Dizzy Reed”, que fue protagonista en las pantallas. Fueron 9 minutos que sonaron muy bien, y los fans supieron reconocerlo.

Lo que siguió fue el hit bipolar de mil generaciones “Live and Let Die”, que todos recibimos cantando. Axl levantó un corpiño que encontró dando vueltas por el escenario y lo colgó en una baranda. Terminó rapidísimo, y después pudimos disfrutar de “Rocket Queen”, tema del primer disco. Otro de esos ejemplares de 7 minutos que nombraba antes, con algunos minutos instrumentales donde todos son protagonista.

Para seguir nos dieron el frenético “You could be mine”, con fuegos artificiales incluidos. Festejemos con todo. Y si escuchamos el tema de “Terminator 2”, no podemos evitar pensar en Arnold, Linda Hamilton y Edward Furlong jóvenes. Y Axl joven, obviamente.

“Ladies and Gentlemen, Señores and Señoritas, this is Duff McKagan” nos anunció el cambio de vocalista por al menos un par de minutos. Empezó con un pedacito de “You Can’t Put Your Arms Around a Memory”, pegado a “Attitude” (ambos covers que grabaron para “The Spaghetti Incident?”), y tuvimos el momento punk de la noche. Este fue el primer cambio con respecto al Setlist del recital de Rosario, que tuvo a “New Rose” en su lugar, también cantada por Duff.

Como casi todo tema punk, duró poquito, y después llegó “This I Love”, canción de corazones rotos que cerró con el repertorio de “Chinese Democracy” de la fecha. Y si, ya sabemos que Axl no tiene la cuerdas vocales como a los 30 y que el paso del tiempo hizo estragos, pero acá se lució. No sé si es la emoción que carga la letra, mi casi fanatismo, o qué, pero este fue uno de los momentos que mejor interpretó en la noche.

Un mini silencio después, sólo hizo falta un “Ah”, que marcó el comienzo de “Civil War” con la ya famosa intro, y todos nos emocionamos. Slash apareció con su doble mástil en el cambio de guitarra número quiénsabecuánto. La pantalla gigante mostraba un ejército animado y todos cantamos.

Después sonaron algunos latidos intensos de otra de mis favoritas interminables “Coma”, y la gente coreó hasta las guitarras del comienzo, como corresponde. Esta fue otro de las canciones que no estuvieron en el setlist de Rosario. El estadio entero acompañó los distintos momentos calmos e intensos, fue genial. Desde la distancia el pogo se veía especialmente divertido.

El final nos trajo la presentación de la banda: Richard Fortus, Duff McKagan, Dizzy Reed, Frank Ferrer, Melissa Reed. Y Slash, que tomó la posta para dar comienzo a la interpretación del tema de “El Padrino”, “Speak Softly Love”. Slash hace un recital él sólo de air guitar, y seguro hasta el aire suena así de bien. Sin descanso y con ovación, pasó a “Sweet Child o’ Mine” con Axl luciendo nuevo vestuario, con campera y sombrero blancos. Ésta la cantaron hasta los paracaidistas que no quisieron perderse el evento. De nuevo el estadio se llenó de flashes estrellitas. Y por favor tratemos de olvidar la desabrida versión de Sheryl Crow, aunque sea difícil.

Siguieron con el único de “G N’ R Lies” de la noche: “Used to Love Her”, que también cantaron todos con ganas, aunque más tarde pude escuchar a más de uno decir que esta canción, en estos tiempos, no tendrían que haberla tocado. Como sea, fue entretenida y duró un suspiro.

Durante todo el día había estado dando vueltas el rumor de que Steven Adler, baterista original de la banda, estaba en Argentina y podría aparecer como invitado en algún momento de la noche. Efectivamente, Axl lanzó un “We’ll bring out a guest, someone you might know… might recognise.” (Vamos a traer un invitado, alguien que quizás conozcan… quizás reconozcan). Ya todos estábamos aplaudiendo porque sabíamos quién era. “Ladies and Gentlemen on the drums Mr Steven Adler!” (Damas y caballeros, en la batería, Steven Adler), quien ya había reemplazado a Frank Ferrer y estaba sentado en la batería. Aplausos sin cesar, por Adler, y por la emoción de poder ver juntos a cuatro de los integrantes originales de la banda. El “not in this lifetime” (no en esta vida) que tiró Axl hace unos años en una entrevista cuando le preguntaron por una posible reunión de la banda, y que eligieron como acertado nombre para la gira, quedó en el olvido por al menos un rato. Nos regalaron la entretenida “Out Ta Get Me”, que sonó medio floja de voz al comienzo, pero con la emoción del momento ni nos enteramos.

Al terminar, Adler se retiró y comenzó una versión instrumental del archiconocido “Wish You Were Here” de Pink Floyd, con Slash y Fortus liderando. Vino muy bien para bajar de nuevo la adrenalina, y nos preparó para lo que venía.

Con un piano negro ya preparado y sin dar tiempo a que terminen, Axl se sentó y tocaron una partecita de “Layla”, que se transformó en “November Rain”. Otra que cantamos todos. Tuve la esperanza de que al menos en este tema interactuaran Axl y Slash, porque estuvieron siempre lejos, casi evitándose. Pero no. También se escuchó un poco intermitente la voz de Axl, que de a ratos miraba sus manos sobre las teclas. Al público no parecieron importarle estos detalles, y todas las parejitas se abrazaron como nunca. A mí me fallaron: esperaba ver a Slash subido al piano en algún momento, como en el video. Pero no. Igual ésta canción -tal como “Dream On” de Aerosmith- siempre termina muy rápido, cuando más emocionante e intenso se pone. Con humo y pirotecnia incluidos en este caso.

Siguieron con “Knockin’ on Heaven’s Door”, el clásico de Bob Dylan del que los Guns supieron apropiarse. La cantamos todos. Y seguro que hasta los vecinos del estadio también. El escueto Axl, que ya tenía campera nueva con flecos, dijo un “You gonna help me out?” (¿Van a ayudarme?), levantó una bandera argentina que alguien le revoleó, y se la dio a alguien en el fondo para que se la lleve. Y acá es cuando más interactuó con el público, dándonos el micrófono para que cantemos con todo. Y todos hicimos caso.

De la calma absoluta pasaron al furioso “Nightrain”, y el campo volvió a saltar con ganas. Y se ve que fue furioso en serio porque frenaron la canción a la mitad para que la gente dé unos pasos atrás, ya que se estaban aplastando en las vallas adelante de todo. Como corresponde. La gente hizo caso, la banda dio gracias, y siguieron con la música. Terminó con unos mini fuegos artificiales, y se fueron para volver apenas un minuto más tarde.

El comienzo del final fue con “Don’t Cry”, la balada power. Ésta la cantó el Monumental entero, con caras emocionadas por todos lados. Lloremos todos.

Luego de los aplausos siguieron con “The Seeker”, cover de The Who que sonó muy bien, pero para muchos que no conocían el tema (me incluyo en esos muchos), fue como una pausa hasta que comenzó “Paradise City”, lamentablemente el último tema de la noche para el cual todos sacaron sus celulares para filmar. Otra que cantaron y disfrutaron hasta los paracaidistas.

La gente no paraba de saltar. La despedida fue con todo, con dos minutos ininterrumpidos de pirotecnia, humo, y papelitos celestes y blancos que volaron por todos lados. Axl ya había lanzado su silbato al público, y cuando llegó el momento tiró también el micrófono. Sólo puedo imaginar lo mucho que se mataron para ver quién lo agarraba y quién se lo quedaba. Y se fueron nomás. Nos quedamos todos cantando y volvieron al escenario a despedirse, Steven Adler incluido, que pateó algo que pareció ser una pelota a la gente. Saludaron y se fueron entre aplausos.

Más de dos horas y media de show casi sin parar. Con altos y bajos, cargadísimo de hits, emoción adolescente, montones de fans adultos que llevaban a sus hijos al recital de la banda favorita que nunca pudieron ver en vivo, y el público más emocionado que vi en mi vida.

Texto: Fernanda Scarlato / Fotos: Katarina Benzova