Cadena Perpetua por Massacre Clandestina

Este último fin de semana, más precisamente el sábado 24 de enero, la noche palermitana celebró una nueva edición de la Fiesta Clandestina, la ya clásica y popular ceremonia se llevo a cabo en GROOVE y tuvo una alta y masiva convocatoria.

Los anfitriones de la noche serían Cadena Perpetua y Massacre. Dos de las bandas más importantes y reconocidas de la escena Indie Rock argentina. El lugar estaba repleto en su totalidad, más de 2000 personas esperaban ansiosas el comienzo de los shows.

Cadena PerpetuaPasada la una de la madrugada se apaga la música, y el escenario se ilumina. Cadena Perpetua la primera banda en tocar, estaba lista para salir. Damián  “Chino” Biscotti en batería, Eduardo Graziadei en  bajo y Hernán Valente en voz y guitarra, acompañados por un músico invitado, el guitarrista de la banda Motorama, Sam Almeida, el cual tendría participación en varios de los temas.

Las arengas y gritos de ansiedad colmaron todo el lugar, y el canto de “Vamos Cadena la put… que lo parió” se hacía oír enérgicamente. “Sobrevivir”, tema de su álbum Largas Noches, fue el puntapié inicial que dio comienzo a lo que sería una larga lista de temas, que recorrerían gran parte de su discografía.

El lugar explotó y la gente convertía lo que estaba sucediendo en una gran y vibrante fiesta. “Te quiero mal”, “Ke mundo”, “Delincuentes”, tema tras tema, sin mucho preámbulo ni esperas,  y sin dar un respiro a aquellos que saltaban y bailaban extasiados por su música. Papeles caían del techo, palmas que inundaban el momento, y la adrenalina que no daba tregua. “Vivirías”, “No mires a cielo”, “Algo personal” completaban la lista. El Punk rock se hacía presente en cada una de sus canciones, con ese sonido duro y desenfrenado al que ya nos tienen acostumbrados. El final se acercaba, “Dispara”, “Algo personal”, ”Si me ves” y el clásico “Sigo acá” de su disco Malas costumbres, el cual detonó por completo al público y dio por finalizada su participación, dejándolos satisfechos por lo que fue un show sumamente electrizante. Antes de partir Hernán mostro dos de las banderas que habían tirado al escenario, agradeció a la gente y se marcharon, dejando atrás al ambicioso público que reclamaba un tema más.

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La música volvió a sonar y el lugar no se vaciaba.  Seguía la espera de lo que sería el plato fuerte del banquete. Un bufón salió a escena e invitó a la gente a disfrutar y despistar la expectativa, contemplando un acto  circense y de malabarismo, sello característico de la fiesta.

El receso de casi una hora había terminado. Eran un poco más de las 3 de la mañana, y la aparición de Massacre se hacía inminente.  Cuando de repente arriba del escenario y con su con su singular y estrafalaria presencia, aparece Wallas.

“Feliz año caramelo de mi alma” fueron sus palabras, y al grito de SOMOS LOS MASSACRE!, dio lugar a los primeros acordes de “Angélica”. Junto al Tordo” Mondello en Guitarra, Luciano “Bochi” Facio en el bajo, Federico “Fico” Piskorz en segunda guitarra y Carlos “Charly” Carnota en batería la formación completa de Massacre comenzaba a darle forma a un intenso y prometedor show.

Massacre

Como en cada una de sus presentaciones, el pogo es  fundamental, y esta no fue la excepción. Las grandes rondas, y el tan osado mosh completaban el cuadro visual dándole un remate colorido y vital, junto con la escenografía y las visuales que se proyectaban en el fondo del escenario.

Wallas es  y será un gran showman, su conexión con la gente es eficaz y se nota que lo disfruta. Es esencial en la dinámica con el público y eso sin duda le aporta un plus.

Temas de sus discos Aerial 13, Ringo y El Mamut, entre otros, formaron parte de su repertorio, y hasta hubo lugar para algunos covers. Como por ejemplo un tema de la mítica banca argentina SUMO “Crua Chan”, el cual fue ovacionado y cantado con gran entusiasmo.

MassacreTras un cambio permanente entre sombreros, galeras, cascos y caretas, Wallas abraza a un muñeco desnudo que permanecía en el escenario y lo invita a cantar “La octava maravilla”. Una vez más estalla la euforia. No quedaba mucho tiempo, pero sería bien aprovechado. Suena “Tanto amor” y determina el momento indicado para dejar caer desde el techo una lluvia de espuma, que sería el complemento perfecto para acompañar el gran final.

El último cover de la noche, y la última canción de la lista, sería casi como un obsequio. Los acordes se reconocen al instante, “Rape me” de Nirvana invadía los parlantes. La gente enloquece, y bajo una cortina de burbujeante espuma salta y se regocija ante uno de los  más grandes clásicos de la historia del Grunge, que muy bien y con gran consistencia saben interpretar.

Con aplausos y una gran ovación Massacre se despide, y le da fin a una de sus tantas participaciones en La clandestina, una fiesta que nos ofrece buena música, buenas bandas, un gran sonido y un lugar para compartir, encontrar y básicamente disfrutar, de uno de los ya clásicos consolidados  de la noche porteña.

Texto: Ludmila Morinigo / Fotografías: Florche Duré